Entendamos los activos financieros: una guía rápida

Antonio Campos
Publicado:
March 9, 2022
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Los activos financieros son uno de esos términos sobre los que si nadie pregunta, todos asumimos que los entendemos; pero si alguien pide una definición… nos enfrentamos a un reto.


De bote pronto, podemos decir que los activos financieros son activos líquidos de los que existe una amplia variedad –como acciones, bonos o cuentas por cobrar– que asumen su valor por una petición contractual o un reclamo de propiedad sobre un bien subyacente.


Sin embargo, ya que un activo es todo lo que tenemos, y que posee y produce valor, aquellos del tipo financiero agregan la complejidad de determinar ese valor.


Siendo un poco más técnicos, el primer lugar del que los activos financieros derivan su valor es de un contrato entre dos partes: el comprador y el vendedor. El primero busca generar rentabilidad a cambio de su inversión, mientras que el segundo obtiene financiamiento.


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El acuerdo entre ambos se determina usualmente valuando la capacidad de generar flujos de efectivo futuros, o bien sobre la especulación en la apreciación o incremento de valor del activo en un momento futuro (como una empresa, por ejemplo).


Lo que los hace particulares es que pueden o no estar sujetos a una referencia física o tangible, es decir, PPEs (propiedades, plantas y equipo). La clave para diferenciarlos se encuentra en la existencia de una contraparte que concuerda el valor que se les asigna.


Hoy en día, los bienes subyacentes a los activos financieros pueden variar entre mercancías, bienes inmuebles y hasta obras de arte. Por eso es común que haya quienes sostienen que a toda acumulación de riqueza está adherido un activo financiero.


Por ello, además de averiguar qué es un activo financiero, en esta ocasión quisimos darnos a la tarea de explicar en esta guía rápida cuáles son sus características principales, cómo se clasifican y qué tipos existen.


Características principales de los activos financieros


Ahora que tenemos una definición operativa de los activos financieros, vale la pena explorar con más detenimiento los elementos que los conforman.


Ya señalamos que, a diferencia de los activos tangibles (como maquinaria, propiedades, equipos de oficina, entre otros), los activos financieros por sí mismos carecen de valor físico.


En ese sentido, cabe mencionar que a nivel micro –es decir, si analizamos individualmente un número cualquiera de activos financieros– es virtualmente imposible mapear diferencias específicas, dada la inmensa variedad que existe.  

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La alternativa a esta situación es intentar encontrar las constantes que los caracterizan. Entre ellas podemos destacar: riesgo, rentabilidad y liquidez.


Riesgo


En términos financieros, el riesgo se puede definir como la probabilidad de que el resultado o ganancia proyectada de una inversión se cumpla o no. Todo riesgo implica la posibilidad de perder una buena suma o incluso toda la inversión, pero generalmente riesgo y ganancia son directamente proporcionales.


Es común que el riesgo se evalúe en términos cuantitativos considerando el récord histórico de resultados en función de una desviación estándar. En pocas palabras, se trata de medir la volatilidad del precio de los activos comparándolos con sus promedios históricos en un tiempo determinado.


El riesgo es importante para entender los activos financieros porque definen un rasgo importante del carácter de la cartera de inversión de un fondo, una empresa o un particular. Las más orientadas al riesgo son aquellas que se pueden permitir un número de inversiones con alto riesgo, y que sólo una de ellas termine siendo redituable.


Rentabilidad


En pocas palabras, la rentabilidad es la medida de las ganancias de una organización en contraste con sus gastos.


Se considera que, por ejemplo, una empresa es costo-eficiente cuando en términos porcentuales sus ganancias superan los gastos que deben realizar.


En el contexto de los activos financieros, la rentabilidad es una métrica fundamental para determinar su valor. Los inversionistas pueden esperar un porcentaje de rentabilidad específico analizando el histórico del indicador frente a los tipos de interés que ofrece el activo en cuestión.


También, podrán averiguar  si el retorno de su inversión sucederá en el corto, mediano o largo plazo, y si se puede esperar un margen de simple o doble dígito.

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Liquidez


La liquidez de un activo financiero se traduce como la capacidad que tiene un activo para convertirse en efectivo. Comúnmente, se asocia con el “precio” de un activo financiero, es decir, la cantidad de dinero que podría obtener a cambio el inversionista si lo vendiera.


No obstante, en esto último hay un matiz muy pertinente: los activos financieros no se venden como cualquier otra mercancía porque –como ya decíamos– éstos son subyacentes a los bienes materiales.


Los extremos de la liquidez se pueden representar como el efectivo (que es el activo más líquido), mientras que del lado opuesto estaría, por ejemplo, una propiedad intelectual, ya que su valor, en estricto sentido, es incalculable.


En general, mientras más líquido es un activo, menos incrementará su valor en el tiempo. Sin embargo, los más líquidos se consideran de mayor riesgo, pues están sujetos a la inflación, que es la pérdida gradual de poder adquisitivo del activo en cuestión.


Clasificación y tipología


Ya que identificamos las características generales que comparten los activos financieros, hay que analizar las clasificaciones generales y describir algunos de los tipos más recurrentes en el mercado.


Clasificación


Los activos financieros se pueden clasificar en dos: renta fija y renta variable. Veamos cuáles son los elementos de cada uno.


Renta fija


Cuando una entidad busca financiamiento, tiene la opción de emitir deuda mediante instrumentos financieros, entre los que se cuentan los productos de renta fija.


Estos tienen un plazo determinado y su porcentaje de rentabilidad se da a conocer de antemano, y se puede decir que su riesgo es mínimo. Los inversionistas tienen una alta probabilidad de recuperar el 100% del capital invertido si mantienen posesión del producto hasta su vencimiento.


El crecimiento de la inversión en esta clase de activos se determina por la tasa de interés a la que se cotice el producto al momento de la compra. Estas tasas acostumbran ser fijas o tener variaciones muy leves.


El ejemplo clásico de esta clase de activos financieros son los bonos que emiten las empresas como manera de conseguir financiamiento.

Renta variable


La renta variable es el tipo de inversión donde ni la recuperación del capital invertido ni la rentabilidad de la inversión poseen algún tipo de garantía. Esto debido a que la rentabilidad de esta clase de inversiones está sujeta a diversos factores.


Entre ellos cabe mencionar el comportamiento histórico de la empresa, la situación y política económica de un país, así como el comportamiento del mercado en general.


El ejemplo por excelencia de los activos de renta variable son las acciones, pues ningún inversor tiene asegurado el retorno de su inversión cuando adquiere participación en una empresa.

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Tip-ología de activos


La diversidad de activos financieros disponibles en el mercado es muy amplia, porque como advertimos, dos activos del mismo tipo pueden tener particularidades diferentes (en cuanto a tasa de interés, plazo, bien subyacente, etcétera).


Tomando en cuenta lo anterior, queremos compartir una breve lista en la que describimos los tipos de activos más comunes, así como un pequeño tip si estás considerando invertir o financiarte con alguno.


Efectivo (y sus equivalentes)


El efectivo es el tipo de activo financiero que representa la mayor liquidez –es en sí mismo liquidez–, pues se trata de la unidad de medida con que se conjetura sobre el valor de otros activos.


En el mercado financiero, sin embargo, el efectivo tiene algunos “equivalentes”. Por ejemplo, certificados de depósito, así como cuentas y fondos de depósito mercantiles. Se les considera equivalentes del efectivo por su seguridad.


Un certificado de depósito que ofrece un banco comúnmente genera intereses a una tasa fija. Por su lado, en una cuenta de depósito se firma un acuerdo con la institución financiera para obtener declaraciones periódicas del valor de la cuenta.


TIP: si estás considerando adquirir un certificado de depósito la mejor estrategia que puedes seguir es evitar pagar las cuotas de penalización por retiro prematuro. Así que asegúrate de que la cantidad que inviertas en estos activos sea una de la que no necesites disponer en un plazo menor a la fecha de vencimiento.


Cuentas por cobrar


Las cuentas por cobrar son activos financieros empresariales de corto plazo. Se registran los libros contables de los negocios cuando un cliente firma un contrato en el que garantiza el pago por un servicio o producto en menos de un año.


A diferencia de otros activos financieros, el valor subyacente de las cuentas por cobrar está basado en la cantidad que se adeuda al acreedor y la probabilidad de que el deudor salde su cuenta.


TIP: Las cuentas por cobrar suelen tener un nivel de riesgo bajo, por lo que integrarlas a tu portafolio es un acierto, siempre y cuando puedas asegurarte con información fidedigna de que el deudor de la cuenta podrá pagarla. Ya sea que como empresa busques financiarse por este medio o como inversionista particular quieras adquirirlo para generar rentabilidad, averiguar esta información previamente es fundamental.

Acciones


Quizá es el tipo de activo más riesgoso de esta pequeña lista. Incluso la imagen que predomina en la cultura popular nos remite a los corredores de bolsa en situaciones de alto estrés por la volatilidad y el riesgo que representa la compraventa de acciones.


Sin embargo, también nos remite a que en un buen día las ganancias de quienes invierten en acciones son altas, pues el potencial de crecimiento del capital es vasto.


Este tipo de activo representa a cabalidad la relación proporcional entre riesgo y ganancia.


TIP: Sabemos que los stocks representan la participación en una empresa pública o privada, por lo que al comprar una acción nos hacemos partícipes de ella. Aunque tu porcentaje de participación sea mínimo y no tengas injerencia en la toma de decisiones de la junta directiva, asegúrate de darle seguimiento a las acciones que sean parte de tu portafolio para elegir el momento adecuado para venderlas e intentar minimizar las pérdidas. De igual forma, si piensas diluir tu empresa mediante la emisión de acciones, considera que en rondas futuras es tu principal moneda de cambio.


Bonos


Como ya decíamos, los bonos son un tipo de inversión de renta fija, en la cual el emisor toma prestado dinero del inversor mediante un contrato que le asegura el pago en un plazo determinado y a una tasa de interés estable.


Pros y contras: establecen de manera puntual la fecha en la cual el inversor recibirá el retorno de su inversión de forma casi 100% segura, pero es probable que el porcentaje de rentabilidad sea pequeño.


No obstante –y esto no es un tema menor–, a algunas empresas les ayuda a financiar proyectos en el corto plazo con los que generan empleos e innovación.


TIP: ¿Alguna vez platicaste con un asesor financiero y te sugirió “poner tu dinero a trabajar”? Bien, pues seguramente te estaba recomendando comprar bonos. Su nivel bajo de riesgo te asegura recuperar tu dinero junto con una pequeña ganancia. El truco está en considerar si una vez que recuperes esa inversión junto con la ganancia, tu liquidez no se vea afectada por la inflación.

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Por último


Tanto para personas físicas como morales, un manejo adecuado de sus activos financieros es crucial para asegurar su futuro, pues una gestión deficiente de las carteras de inversión puede significar un dealbreaker (literalmente).


Cualquiera que sea tu posición frente a los activos financieros, toma en cuenta el riesgo que cada uno de ellos implica previo a decidir por uno u otro tipo.


Ahora que conoces un poco más sobre activos financieros, toma la iniciativa para comenzar a diversificar tus fuentes de financiamiento.